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Lo más común sería pensar que lo que más preocupa a quienes buscan consejo en la farmacia son las arrugas, la flacidez o los signos típicos del envejecimiento. Pero no. Hay otros temas que quitan más el sueño a quienes se acercan al mostrador en busca de ayuda. Y no hablamos solo de pieles maduras: muchas de estas preocupaciones empiezan cada vez más jóvenes y tienen poco que ver con la edad.
“Las dudas vienen tanto de personas más maduras como jóvenes. Lo cierto es que cada día atendemos a más personas que llegan con inquietudes muy concretas sobre el estado de su piel. Muchas veces vienen confundidas por todo lo que leen en redes sociales y necesitan una guía clara sobre cómo tratar sus problemas reales, no lo que la tendencia dice que deberían tener”, nos explica Marina García, farmacéutica titular de la Farmacia Marina García, en Paseo de las Delicias (Madrid).
1. La rosácea
Una inflamación que pide calma… por dentro, por fuera y por dentro otra vez. Y la rosácea no iba a ser menos. “La rosácea es, sin duda, una de las consultas más frecuentes, incluso en chicas de menos de 30 años”, apunta la farmacéutica titular de la Farmacia Marina García. “Vienen con rojeces en las mejillas, granitos tipo acné o sensación de ardor. No siempre está diagnosticada como tal, pero los síntomas están ahí y generan mucho malestar”, añade la farmacéutica.
Más allá de los brotes, hay un factor invisible que juega un papel clave: el estrés. “Cómo nos encontremos emocional se refleja claramente sobre la piel y en el caso de la rosácea es clarísimo. El estrés actúa como desencadenante y puede agravar los brotes, intensificar las rojeces e incluso generar más sensibilidad”, explica Raquel González, cosmetóloga y creadora de Byoode.
Pero el estrés no solo influye a nivel nervioso, también altera el equilibrio intestinal, otro eje que la experta considera fundamental. “Una microbiota desequilibrada puede generar un estado inflamatorio sistémico que termina manifestándose en la piel. Por eso, en los casos de rosácea, muchas veces es imprescindible acompañar el tratamiento con probióticos orales y hábitos que ayuden a reducir el estrés”, añade Marta Agustí, directora nutricional de Advanced Nutrition Programme.
¿Y a nivel tópico? “Es importante apostar por fórmulas con activos calmantes como la niacinamida, el bisabolol, la centella asiática o el extracto de regaliz. Y los probióticos tópicos, que cada vez están más presentes en cosmética, también ayudan a reforzar la barrera cutánea y a restablecer el equilibrio”, añade Raquel.
2. Los poros abiertos
A menudo se asocian a una piel grasa y joven, pero los poros dilatados también preocupan (y mucho) a las pieles maduras. “En la farmacia lo explicamos constantemente: los poros dilatados no son solo cuestión de sebo. Con los años, la piel pierde estructura, y eso también los hace más visibles”, señala la farmacéutica.
“Con la pérdida de colágeno, elastina y ácido hialurónico, la piel se vuelve más flácida, y esa falta de tensión hace que los poros se vean más abiertos”, explica Mireia Fernández, directora dermocosmética de Perricone MD. “Además, la renovación celular se ralentiza, se acumulan células muertas y la textura se vuelve más rugosa”, apostilla Isabel Reverte, directora dermocosmética de Ambari.
La clave está en combinar exfoliación con tratamiento reafirmante. “El ácido salicílico es un básico porque limpia el interior del poro, pero también hay que estimular la renovación con alfahidroxiácidos reforzar la estructura de la piel con ingredientes como los retinoides, la vitamina C o los péptidos”, recomienda Raquel González, cosmetóloga y creadora de Byoode.
3. El contorno de los ojos
Si hay una preocupación transversal que afecta a todos los públicos es el contorno de ojos. “Nos piden un producto que valga para todo: ojeras, bolsas, arrugas, mirada apagada…”, cuenta Marina.
Estefanía Nieto, directora dermocosmética de lo tiene claro: “El tratamiento tiene que ser multifocal. Por un lado, hay que descongestionar la zona con activos como la cafeína. Y, por otro, tratar el pigmento con ingredientes como la niacinamida o el retinal o con partículas doradas que nos ayuden a contrarrestar la oscuridad”.
Aquí también importa la textura y el momento. “Un contorno muy graso no es ideal por la mañana si hay bolsas, pero uno muy ligero puede quedarse corto por la noche. Lo ideal es adaptar el producto al ritmo de la piel y, si es necesario, combinar dos texturas distintas en la rutina”, aconseja Raquel González, la creadora de Byoode.
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